TIEMPO DE CONSTRUÍR UNA DEMOCRACIA ADULTA

27/11/2020

Armenia es una República muy joven, por ende hemos pagado y seguimos pagando por inmadurez el costo político de la corrupción, la incapacidad, la soberbia y la ausencia de líderes estadistas y pragmáticos que supieran trasmitir al pueblo con el ejemplo, los caminos hacia una Nación desarrollada económicamente, fortalecida militarmente, hábilmente ubicada diplomáticamente y con un proyecto nacional a largo plazo, integrando a cada ciudadano en un objetivo común de grandeza, seguridad y bienestar. Pocos países tiene una diáspora tan valiosa, a la vez tan escasamente aprovechada, también son limitados quienes cuentan con un pueblo tan dotado de patriotismo y amor a su tierra. Estos valores hay que encauzarlos,  desarrollarlos con trabajo y destreza, sin arrogancia ni egoísmos, eligiendo a los mejores para cada posición, buscando unidad y consensos. Los últimos acontecimientos son el alerta para cambiar de actitud, dejando la ambigüedad y posicionándonos frente a un mundo incierto e inclemente, hemos tenido clara constancia de ello. ¿Algo más para esperar?  

 

Nos apropiamos de la visión del escritor israelí Yuval Noah Harari, una de las figuras más consultadas del planeta, quien ha vendido decenas de millones de libros, confiando en darles la mejor información a los ciudadanos, llevándolos a actuar de forma correcta. O a corregir sus errores. Sea cuando se trata de combatir el coronavirus o de sacar del poder a demagogos, aunque todo eso depende de un factor creciente a nivel planetario que puede desbarrancarlo todo: EL MIEDO. ¿Cómo logras que millones de personas se laven las manos con jabón? ¿Colocas una cámara de vigilancia en cada baño? ¿O les enseñas en las escuelas sobre los virus y las bacterias, les explicas que el jabón puede remover o matar esos patógenos y dejas que ellos mismos se hagan la idea? ¿Cuál piensas que es el método más eficiente? Tenemos una opción por delante. Espero que escojamos sabiamente, plantea. El problema, dice este catedrático de la Universidad Hebrea de Jerusalén, doctorado en Oxford, es que en estos tiempos de Covid-19, la falta de solidaridad global y liderazgo representa un peligro inmenso para la humanidad. Tanto es así que teme que afrontemos una recesión global severa que nos golpeará a todos, aunque ciertos países ricos podrían salir adelante, mientras que otros en América Latina, Asia y África podrían colapsar por completo abriéndole paso a nuevos regímenes totalitarios. Necesitamos un plan de salvataje económico global, alerta. Hasta el momento, la principal lección es el peligro inmenso que la falta de solidaridad global y liderazgo representa para la humanidad. Durante los últimos años, políticos xenófobos y aislacionistas han socavado de manera deliberada la cooperación internacional y la idea misma de la solidaridad global. Ahora estamos pagando el costo de eso.

 

Este valioso enfoque nos permite visualizar por donde transita el mundo. Mientras tanto nosotros seguimos haciendo gala de nuestras incoherencias. El presidente de Armenia, Armén Sarkissian, quien desde el primer día de la finalización de la guerra con la intervención de Rusia y los resultados ya conocidos, reclamó la renuncia del primer ministro Nikol Pashinian, agregando más tarde que “se enteró por la prensa de los anuncios”. En realidad caben algunas preguntas: ¿Dónde estaba él durante los enfrentamientos, como se entiende que no estuviera involucrado en cada detalle de los acontecimientos de aquellos días, que aportó él en su condición de presidente en el terreno diplomático, el cargo de presidente es solamente una imagen decorativa, como puede decir que no lo tuvieron en cuenta en las negociaciones, desde su posición como es que no supo hacer valer su autoridad, si Pashinian cometió errores porqué no lo denunció públicamente, para dar el ejemplo porqué no renuncia él? Recordemos que Armén Sarkissian asumió su cargo el 9 de abril de 2018, pertenece a la oposición y ocupaba la presidencia del país antes que Nikol Pashinian ganara las elecciones, asumiendo el 8 de mayo de 2018.

 

No caben dudas que es necesario un cambio estructural político-democrático-económico en la República de Armenia, si pretendemos insertarnos en el plano mundial como país presente con aspiraciones a un futuro promisorio.

 

AK

Una visión independiente de todos los temas y pensamientos


GUERRA DE ARTSAJ, HORA PARA LA SERENA REFLEXIÓN

13/11/2020

Hace pocos años atrás, en una plácida sobremesa primaveral, bajo la sombra del árbol de damasco del jardín de los Aroyan en la localidad de Lusarat, región de Ararat, Armenia, disfrutábamos de un añoso y exquisito brandy local con el que el dueño de casa, entre brindis y brindis, se ocupaba de mantener mi copa siempre llena. Vanik Aroyan, ex combatiente de la primer guerra de Karabaj en los años noventa, padre de mis ahijados Liana y Smpat en Armenia, relataba abismado en una profunda emoción los trágicos acontecimientos de aquellos días. En esos tiempos, en una de las frecuentes visitas a mi patria de origen, en las que existía un frágil alto el fuego en la región en conflicto, aunque con permanentes escaramuzas, mi pregunta no podía ser otra que consultar al veterano soldado cual sería a su parecer el futuro definitivo de aquellas tierras en disputa, las que a simple vista y sin discusión alguna nos pertenecían. Su respuesta serena y meditada me dejó por demás confuso y preocupado: “El futuro es incierto, negativo y lejano a nuestras legítimas pretensiones”. Eran las palabras de un calificado experto, de un conocedor de la región y sus geopolíticas, un patriota genuino, pero al mismo tiempo un analista pragmático y desapasionado.

 

A 44 días del inicio de la guerra por parte de Azerbaiyán contra el territorio de Artsaj, apoyado por Turquía, comprendido por milicianos terroristas pagos, buena parte de armamentos provistos por Israel, incumpliendo normas básicas establecidas para casos de conflictos bélicos, atacando a blancos civiles, utilizando armas y métodos prohibidos por razones humanitarias, dejaron como resultado miles de vidas cegadas, heridos, mutilados y destrucción inconmensurable en un enfrentamiento de fuerzas totalmente inequitativas.

 

Finalmente después de ser un frío espectador, hasta que el desgaste de los contendientes fuera insostenible, llegó la intervención de Rusia a fin de aplicar un alto el fuego definitivo, al tiempo de realizar una magistral jugada de ajedrez, basada en el dominio absoluto de la región, articulando un nuevo mapa que le permite controlar con total independencia todas aquellas áreas que alguna vez podrían provocarle inquietud, naturalmente basado en su indiscutible poderío militar, desplazando rápidamente a los protagonistas de los combates hasta el día anterior, cubriendo con ejército y armamento propio el terreno de los enfrentamientos. Nadie puede proclamarse vencedor o vencido en esta guerra, sino hay un único y claro triunfador: la FEDERACIÓN DE RUSIA, de Vladimir Putin.

 

Quiero destacar un impecable análisis del periodista Leo Moumdjian con fecha 10 de noviembre en Sardarabad, donde revela desde el propio escenario de los acontecimientos un cuadro claro y objetivo del estado de situación y las posteriores reacciones desde los distintos sectores de la armenidad.

 

Como no podía ser de otra manera, lejos de un sereno razonamiento, inmediatamente se buscan culpables y traidores para atemperar aquello que nos parece injusto, nuestra actitud pasional e intempestiva no ha hecho más que traernos fisuras y retrocesos. De aquí en más deberíamos estar más coherentemente unidos, con objetivos definidos, fortalecer la economía de Armenia, su capacidad de negociación internacional, sus avances tecnológicos. Tenemos demasiados héroes y patriotas en nuestro historial, necesitamos hábiles pensadores en un mundo que se mueve únicamente por intereses y conveniencias. Esta última lección debe servir para despertarnos y cambiar la óptica. Honor a nuestros soldados que donaron sus vidas, a aquellos que sufrirán daños por el resto de sus vidas por defender su tierra y también a los que evitaron una tragedia mayor sabiendo que serían justa o injustamente sentenciados.

 

AK